México es uno de esos países donde el viaje no termina cuando se pone el sol. Su diversidad de paisajes —desde desiertos infinitos hasta montañas volcánicas o selvas costeras— lo convierte en un escenario excepcional para la observación astronómica. A esto se suma un factor clave: todavía existen amplias zonas con baja contaminación lumínica, algo cada vez más difícil de encontrar en el mundo.
Pero no se trata solo de mirar estrellas, sino de hacerlo en lugares donde el entorno acompaña. Espacios donde la naturaleza, el silencio...
Ver noticia completa